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"A
ti, que con tu alma pura
Y espiritual
Comunica ahora que conoces las flores,
Con ellas tu doctrina clara, simple y solemne
Se armoniza poco a poco con el creador,
Todo discipulo debe adorar la naturaleza,
Más aún aquel que con su fantasía
Como el agua de una fuente que desciende fresca y pura,
Se sublime ofreciendo prolongar la Vida."
13
de diciembre de 1984
Se
trata de un arte muy antiguo que nos llegó gracias a una
enseñanza oral transmitida por Maestros. Los pocos escritos
que existen no son posibles de descifrar. El maestro de artes marciales,
Francis Vigoureux, quien recibió las enseñanzas de
maestros chinos y japoneses, que ya eran ancianos en los años
30, época de su estadía en estos países, me
transmitió sus enseñanzas.
Existe actualmente en Japón, muchas escuelas modernas de
Ike Bana, sin embargo la enseñanza entregada por el Maestro
Francis Vigoureux es la de la antigua escuela tradicional.
El
origen proviene de tiempos remotos. Los monjes en los monasterios
chinos se habían percatado que luego de las tormentas habían
muchas ramas de árboles y plantas en el suelo. Con el fin
de prolongar sus vidas, las colocaban en baldes llenos de arena
húmeda o agua. Poco a poco esta práctica fue puliéndose
y empezaron a ornamentar los templos. Las reglas de composición
surgieron de sus reglas de vida basadas en la simpleza y la sencillez.
A
pesar de que este arte se difunde en Japón, se cree que provino
de China mediante la enseñanza de los monjes.
Si
bien los samurai eran excelentes hombres de armas y respetaban el
código de honor Bushido, también practicaban
el arte del Ike Bana, el Sha-no-yu (ceremonia
del té), escribían poemas Haikus y celebraban
a sus antepasados con humildad y modestia.
En
las casas japonesas, existe en la habitación un lugar reservado
a la belleza, es el tokonoma, rincón que posee casi la altura
de la pieza y cuyo fondo está cubierto por un revoque que
se patina con el tiempo: el sabi. Ahí se cuelga el kakemono,
largo rollo de papel o de seda que contiene un poco de pintura,
paisaje, flores o simplemente algunos Ji, caracteres chinos. Debajo
del kakemono, el arreglo floral, un objeto de arte, uno solo, a
veces un quemador de perfume, nada más.
En
la casa del té, siempre hay un ike bana, muy
simple, en armonía con el huésped que se quiere honrar
y la ceremonia que allí tiene lugar.
Extraido
del Libro "Ike Bana".
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